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Gramíneas

gramineas

Las gramíneas son un grupo de plantas muy común que en los últimos años está ganando popularidad por el toque natural y sutil que añaden al jardín. Destacan por su característica inflorescencia en forma de espiga de textura suave, sus colores pardos y su estacionalidad. En el jardín nos pueden deleitar con sus movimientos al viento o los juegos de luz cuando cae el sol de la tarde.

Tipos de gramíneas

A continuación tienes una lista con algunas de las especies de gramíneas más conoci- das o populares en jardinería y paisajismo.

Trigo
(
Triticum spp.)

Cortadera (Cortaderia selloana)

Avena silvestre (Avena fatua)

Peniseto (Pennisetum spp.)

Esparto
(
Stipa tenacissima)

Hierba muhly (Muhlenbergua capi– laris)

Hierba pluma (Stipa tenuissima)

Calamagrostis x acutiflora ‘Karl Foerster

Berceo
(
Stipa gigantea)

Eulalia
(
Miscanthus sinensis)

Cerrillo (Hyparrhenia hirta)

El hábitat de las gramíneas

Siendo un grupo de plantas tan amplio, es imposible dar un tipo de hábitat universal en el que se encuentren todas las gramíneas. Las hay que pueden vivir en lugares semidesérticos a pleno sol y otras que solo crecen en espacios húmedos y umbríos.
Sin embargo, hay algunos lugares donde estas plantas son las reinas indiscutibles del paisaje, estepas donde se extienden inacabables mares de gramíneas del color de la tierra.

Las gramíneas dominan sobre todo en lugares con sequías estacionales, a menudo donde se alternan temporadas de calor y frío extremos, con una topografía relativamente plana o con ligeras lomas, y suelos que no tienen por qué ser fértiles ni profundos. Muy a menudo estos ecosistemas tienen algún agente regulador, como incendios periódicos o pastoreo, que mantienen a raya a otras especies y evitan que se establezcan árboles.

Algunos ejemplos de estos ecosistemas naturales dominados por gramíneas son la estepa mongola, la pampa sudamericana o la sabana africana.

Cuidados de las gramíneas

Como hemos dicho anteriormente, las gramíneas son un grupo de plantas muy amplio y por tanto los cuidados variarán mucho según la especie. Sin embargo, podemos dar algunas indicaciones generales acerca de sus ciudados en el jardín.
El suelo debe drenar bien y puede estar algo suelto, muchas especies de gramíneas

se han adaptado a vivir en terrenos arenosos. Deberá tener un abonado equilibrado. Las plantas deberían plantarse en primavera, dándoles tiempo a desarrollarse antes de que lleguen los fríos. Es importante no plantarlas a demasiada profundidad, ya que esto puede dar lugar a enfermedades o pudriciones en la raíz. Una vez plantadas es recomendable regar el suelo.

El riego variará mucho según la especie y la estación. Generalmente requieren riegos

frecuentes las primeras semanas, cuando las raíces se están desarrollando y la planta adaptándose a su nuevo espacio. Una vez establecida, el riego puede reducirse muchísimo según la especie.
Si queremos que la planta crezca más rápido o tenga más color, se puede aplicar ferti- lizante diluido en el agua de riego.

Entre las labores de mantinimiento, puede que haya que retirar manualmente plantas espontáneas y maleza que pueda crecer entre nuestra plantación de gramíneas. Para evitar su aparición se puede aplicar un acolchado natural como forma de prevención. Hay algunas especies que se ‘peinan’ con rastrillo para retirar hojas y tallos secas, y muchas otras que se deben segar a finales de otoño o invierno, para que vuelvan a crecer la primavera siguiente.

Las gramíneas a lo largo de las estaciones

Uno de los principales atractivos de estas plantas es su marcada estacionalidad, ya que en cada estación nos ofrecen una cosa distinta.
El ciclo vital de muchas gramíneas es anual, es decir, nacen y mueren el mismo año. Germinan en primavera y crecen entre la primavera y verano, desarrollando toda su estructura y floreciendo. A finales de verano se agostan y se secan, una vez han producido su semilla. Las semillas secas quedan en sus espigas a la espera de que el vien- to o las aves las dispersen durante el otoño y el invierno. En primavera, una nueva generación de gramíneas vuelve a germinar. En otras especies, la misma planta sigue viva aunque muera su parte aérea en otoño, por lo que volverá a brotar en primavera. Si queremos apreciar la belleza del paso de las estaciones en nuestros jardines, no te- nemos más que dejar que estas plantas sigan su ciclo. En vez de segar la espiga a finales de verano, nada más morirse, podemos dejarla durante todo el otoño y parte del invierno y segar a finales de invierno, de manera que podamos apreciar texturas y estructuras diferentes en las estaciones en las que pocas cosas llaman la atención.

La textura en el jardín

A menudo, cuando tenemos que decidirnos acerca de una composición de plantas para nuestra terraza o jardín, pensamos solamente en el color o en la floración. Pero un criterio igualmente interesante es el juego de texturas que pueda generar. Lo cierto es que actualmente, paisajistas y jardineros de todo el mundo están empezando a guiarse más por las texturas y formas de las plantas que por su coloración.

La textura es un recurso muy útil a la hora de crear interés, sobre todo si jugamos con los contrastes. La textura de las plantas normalmente se relaciona con la forma y disposición de las hojas y ramas, aunque en árboles también está muy relacionada con la corteza. Hay que tener en cuenta que la textura variará según la distancia a la que se observe y según la incidencia de la luz.

Podemos diferenciar entre texturas gruesas y finas, por ejemplo, dependiendo del ta- maño de la hoja y ramas. La textura fina la encontraríamos en aquellas plantas de hojas pequeñas, donde hay un patrón uniforme y de poco constraste que no interfiere con la forma de la planta. La textura gruesa nos la puede proporcionar plantas de ho- jas grandes y rugosas, que llaman la atención y generan contrastes de luz. A la hora de pensar en una plantación, las texturas finas pueden ser más abundantes y emplearse como tapiz o telón de fondo, mientras que las texturas gruesas se deberían emplear más ocasionalmente como punto focal.

La textura fina del boj. La textura gruesa del acanto.

Igualmente podríamos diferenciar entre texturas pesadas y ligeras, rugosas y suaves o permanentes y efímeras. Un arbusto compacto, perenne y de color oscuro transimitirá una textura pesada, cerrada, rugosa y permanente; mientras que las finas espigas de las gramíneas nos darán una textura ligera, abierta, suave y efímera.

Las texturas finas y suaves ‘se alejan’ a la vista, y dan la sensación de alargar el espa- cio, mientras que las texturas más pesadas y firmes dan la sensación de ‘acercarse’. Jugar con estos contrastes puede crear efectos muy interesantes en nuestro jardín. Podemos ver esto en los jardines de Piet Oudolf, paisajista famoso por sus composiciones naturalistas. A continuación tienes algunas imágenes de su jardín Hummelo, donde se aprecia cómo juega con distintas texturas de gramíneas y setos.