Saltar al contenido

Cactus y suculentas

cactus

Son uno de los grupos de plantas más fascinantes y populares para tener en casa debido a su fácil mantenimiento y hermoso porte. Adaptados a soportar la sequía, los hay de diversos tamaños, colores y muchos con una floración espectacular a la par que efímera. ¿Quieres descubrir más sobre estas plantas?

Diferencia entre cactus y suculentas

Aquí queremos aclarar estos dos términos que a veces parecen confundirse. Cuando hablamos de plantas suculentas nos estamos refiriendo a todas aquellas plantas que han desarrollado mecanismos para almacenar grandes cantidades de agua en sus tejidos, dándoles ese aspecto carnoso que tanto las caracteriza. Esto les permite aguantar largos periodos de sequía.

Son, por tanto, plantas de climas áridos. Hay miles de especies de suculentas, especies que han ido evolucionando independientemente por todo el mundo y no están necesariamente emparentadas entre sí, aunque presenten características físicas similares. Algunas de las especies de suculentas más comunes son la aloea vera, los ágaves o las especies del género Aeonium. Y de entre todas las familias de plantas que entran dentro de la categoría de suculentas, una de la más representativa es la familia Cactaceae, es decir, los cactus.

Por tanto, hablando en términos estrictamente botánicos, los cactus son un tipo de suculentas. Las distinas especies de cactus sí tienen características genéticas comunes y, dato curioso, son nativas exclusivamente del continente americano. En otras regiones áridas del mundo hay otras especies de suculentas que son erróneamente consideradas cactus debido a su gran parecido con las especies de cactáceas, pero este parecido se debe simplemente a una evolución paralela bajo características ambientales similares. La característica definitoria de las cactáceas y que las diferencia del resto de suculenta es la areola, una yema a partir de la cual surgen las espinas, nuevos brotes o la floración de la planta.

cactus

A pesar de que cuando hablamos de cactus estamos hablando de especies que se con- sideran suculentas, al ser una familia de tanto peso, en este artículo las separaremos del resto. Cuando hablemos de cactus nos referiremos a especies de la familia de las cactáceas, mientras que si hablamos de suculentas nos referiremos a otras especies de plantas crasas que no pertenecen a esta familia.

Cactus y suculentas en un mismo jardín. ¿Sabes diferenciarlas?

Tipos de cactus según su porte Cactus columnares

Cardón gigante Cactus globosos

Cactus de barril Paleras

Chumbera Cactus mini

Gymnocalycium bruchii

Cereus

Ferocactus

Cactus de Navidad

Mammillaria microhelia

Echinopsis

Copiapoa cinerea

Stephanocereus leucostele

Tipos de suculentas

Aloe vera

Lechetrezna

Ágaves

Árbol de jade

Lithops

Planta del rosario

Sedums

Graptopetalum

Aeonium


El hábitat de los cactus

Cuando pensamos en cactus los asociamos a los áridos desiertos del interior americano, aunque realmente los cactus se extienden por todo el continente americano y son una familia muy diversa que se ha adaptado a diferentes condiciones, desde los más áridos desiertos hasta altas montañas o incluso bosques tropicales.

habitat de los cactus

Es cierto que la mayoría de cactus, debido a su capacidad de almacenaje de agua y a la carencia de hojas, están bien adaptados a tolerar diversos niveles de sequía, pero no todos son capaces de tolerar estas condiciones extremas.
Algunas especies desarrollan sistemas para aprovechar otras fuentes de agua, como es el caso de las especies del género Copiapoa, nativas del desierto de Atacama, considerado el lugar más árido del mundo, donde, a falta de lluvia, extraen el agua que necesitan de las brumas que llegan del océano y cubren de madrugada las extensiones del desierto.

Otros cactus habitan climas similares al mediterráneo semi-árido, por lo que se han naturalizado con facilidad en la cuenca mediterránea, como es el caso de las chumbe- ras (Opuntia ficus-indica). Algunos cactus crecen a más de 1000 metros de altitus sobre la cordillera andina, como numerosas especies del género Echinopsis. Estas especies requerirán un poco más de agua y menor cantidad de sol directo, que les puede causar quemaduras.

Chumberas y saguaros en el desierto de Sonora.

Cuidados de los cactus

El mantenimiento de un cactus puede parecer sencillo, pero esto dependerá mucho de la especie. Hay especies muy resistentes y adaptables a diferentes condiciones de cultivo (generalmente las especies que más se comercializan), aunque también las hay que son muy exigentes y no toleran grandes variaciones en sus condiciones de cultivo. Pese a la gran adaptabilidad de muchas especies, para que nuestro cactus crezca her- moso y sano lo mejor es que la planta se cultive en las condiciones más próximas a su ambiente ideal.

Por ello siempre habrá que tener en mente que no todos los cactus son iguales y tendremos que investigar sobre la especie que tenemos y sus requerimientos particulares. Elaborar una lista con los cuidados para cada cactus resultaría en una enciclopedia entera, pero podemos dar algunas directrices generales que se ajustan a los cactus más comercializados.
En general los cactus no tienen raíces profundas, aunque sí extendidas horizontalmente, por lo que si lo vas a plantar en contenedor sería conveniente que fuera más ancho que alto, y a la hora de los trasplantes asegurar que la planta gana espacio en anchura.


El sustrato ideal será aquel que no se compacte en exceso y drene bien el agua de riego o lluvia. Sobreviven bien en suelos con pocos nutrientes, aunque si se les cultiva en una tierra algo más nutrida tendrán un crecimiento más vigoroso y floración más vistosa. El pH debería ser neutro, aunque hay especies que prefieren suelos más ácidos
y otras más básicos. Son muy recomendables las tierras y fertilizantes especiales para cactus.
El riego dependerá en gran medida de a especie. En general en invierno no requieren

de riego, y éste puede ser perjudicial si hay riesgo de heladas. En verano la frecuencia puede ser de una vez por semana. Es importante espaciar bien los riegos para evitar encharcamientos. Hay especies de cactus que saben aprovechar las partículas de agua de la niebla, si tu cactus es de una de estas especies agradecerá que lo coloces en el exterior las noches cálidas en las que se acumula humedad matinal.

La exposición también dependerá de la especie. En general las especies con púas gruesas y numerosas requieren de pleno sol. Como se ha mencionado antes, muchas especies del género Echinopsis pueden tener quemaduras si están muy expuestas a un sol directo intenso, especialmente en lugares donde no hay humedad ambiental. Otras especies más crasas gustan de mucha iluminación pero no de sol directo.

Reproducción de los cactus

La reproducción de los cactus es sencilla. Se reproducen tanto de manera sexual como asexual.
La reproducción sexual sigue el clásico proceso de polinización y generación de frutos y semillas que posteriormente son diseminados por agentes biológicos o abióticos. Probablemente lo más curioso de la reproducción sexual de los cactus es lo efímero de la floración de muchas especies, que florecen de manera espectacular una sola noche al año. Esto se debe a que generalmente crecen en lugares con pocos polinizadores, por lo que deben producir una flor vistosa que atraiga al máximo número de insectos o murciélagos que haya alrededor, y, debido a que producir tal flor supone

un gran gasto energético en un lugar donde no sobran los recursos, procuran reducir este proceso a una sola ocasión. La mayoría florece de noche ya que es cuando menos agua perderán por evaporación y cuando más activos están los polinizadores del desierto.

También se reproducen por esquejes o hijuelos, y de hecho esta es una forma de re- producción común en el medio natural, donde una rama o hijuelo del cactus se desprende, genera raíces y crece independientemente. Esta es la manera más fácil de re- producir los cactus cultivados: cortar alguna pala o rama de la planta y colocarla en un sustrato apto, preferiblemente con algún producto enraizante.

Floración de Hylocereus undatus, tan espectacular como efímera.

Esquejes enraizando.

Curiosidades de los cactus Cactus sagrados

Cuando los europeos llegaron a las tierras del actual México por primera vez, quedaron sorprendidos, y en parte escandalizados, por algunas prácticas rituales de las poblaciones nativas. Entre ellas, una de las más curiosas era el consumo ritual de peyote, un cactus al que los pueblos nativos atribuían poderes sanadores y que llegó a ser venerado casi como una divinidad en sí misma.

El peyote es originario de los desiertos de México y el sur de Texas. Es un cactus sin espinas, pequeño y de crecimiento muy lento. Este cactus contiene diversas sustancias con efectos alucinógenos en el ser humano, especialmente la mescalina.
Cuando llegaron los españoles, la fe católica prohibió el consumo y los rituales asocia- dos a esta planta, aunque muchos cronistas de la época dejaron constancia por escrito de dichas prácticas, como es el caso del misionero Bernardino de Sahagún, que en el siglo XVI escribía:

‘ Se llama peyotl, es de color blanco (…) Los que lo comen o beben ven cosas sorprendentes y risueñas. (…) Esta planta es de consumo habitual para los chichimeca; los sostiene y les da coraje para el combate, al ponerlos al abrigo del temor, de la sed y del hambre’.